Lo que Steiner vio en 1917
Europa estaba en guerra. Una tarde de octubre, en Dornach, habló de una lucha entre dos maneras de entender al ser humano. Y dijo, sobre el materialismo llevado hasta el final:
Es una advertencia sobre una orientación del pensamiento, no sobre una vacuna en particular. No describe ninguna vacuna real y no es consejo médico. Pero fijate lo que hace: nombra con precisión lo que se pierde cuando todo se reduce a lo material.
Seis años después, sobre la electricidad:
Hablaba de lo que la electricidad hacía en el modo de pensar de la gente, no de ondas ni de antenas. Aun así, la frase se lee hoy con otra fuerza.
Lo que hizo con eso
Esto es lo que más me importa de Steiner. En la misma conferencia en la que advierte, no se queda en el miedo. Dice que hay otro camino:
Y enseguida corta cualquier tentación de quedarse en la teoría:
Una tarea. No un enemigo que identificar, sino algo que hacer. Para mí eso cambia la pregunta: ya no es “¿de qué me tengo que proteger?”, sino “¿qué puedo construir con otros?”.
Cómo se actúa: con amor por lo que se hace
Pero Steiner no reduce la salida a ideas ni a instituciones. Antes de preguntar qué hay que hacer, pregunta desde dónde. En La filosofía de la libertad, su obra central sobre ética, lo dice así:
Amor por lo que uno hace, y comprensión hacia lo que quiere el otro. Es una respuesta a la inquietud que no depende de que nadie más cambie primero.
Y en la Piedra Fundamental, el texto con el que refundó la Sociedad Antroposófica en la Navidad de 1923, el pedido es el mismo, dicho como plegaria:
Calor en el corazón, luz en el pensar, y desde ahí, fundar. Esa es la secuencia que me parece que Steiner nos deja.
Y lo que propuso para construir
En 1919, con Europa devastada, Steiner puso por escrito una respuesta social concreta. Propuso que la vida común tenga tres ámbitos que no se mezclen: la cultura, el derecho y la economía, cada uno con su propia autonomía.
Dicho sin tecnicismos: que lo que pensamos, lo que acordamos y lo que intercambiamos se organice con libertad, justicia y fraternidad, y que ninguna de esas tres cosas se disuelva en las otras.
Esa idea no necesita esperar a que cambie el mundo. Se puede empezar en una escuela, en una finca, en una editorial, en un grupo de gente que decide cuidar su propia economía de otra manera.
Con las manos vacías y un bello ideal
Con esa frase, que viene de una carta de 1924 a Steiner, me acompaño cuando trabajo. Es lo que hay detrás de cada libro que publico: no tengo respaldo ni grandes recursos, solo la convicción de que vale la pena poner estos textos en manos de quien los busca.
Si sentís que lo que te inquieta pide algo más que información, empezá por leer a Steiner de primera mano, o leer a quienes siguieron su camino.
Ver los librosMartín L. Alonso
Impulso Sophia Editorial · Olivos, Buenos Aires